La sociedad y la tecnología

La sociedad y la tecnología

Por Liberto Ercoli, ingeniero y decano de la UTN Bahía Blanca

Intuitivamente, cierta parte de la sociedad tiende a percibir la tecnología como una amenaza, ya que la innovación trae aparejadas mejoras y ventajas, pero nos saca permanentemente de nuestra zona de confort. ¡Cuando algo nos llega a ser familiar… zas! Cambió. Sin embargo, los avances en la ciencia, la tecnología y la ingeniería han sido centrales para el progreso humano, el desarrollo y la organización de la humanidad. Los seres humanos hemos desarrollado la tecnología desde los tiempos de las simples lanzas, arcos, flechas y morteros de piedra a los complejos sistemas de hoy. Cada revolución industrial eliminó trabajos, usos y costumbres y creó nuevos. Generalmente, ambos mundos conviven, hasta que el moderno termina imponiéndose.

El problema hoy es la aceleración del cambio, es decir, el aumento de la velocidad y el poco tiempo para adaptarse a lo nuevo. La innovación consiste en la combinación de tecnologías existentes a la velocidad de comunicación del momento: del garrote de hueso a la Internet. Pero ¿qué hubiese sido de nosotros sin las tecnologías de la salud para el desarrollo récord de vacunas durante la pandemia? ¿Y sin las tecnologías de la información y comunicación (TIC)? Costó adaptarse, y aun así hoy no consideramos posible prescindir de las plataformas de videoconferencias que posibilitaron “reunirnos” con familiares y amigos, “ir” al teatro, enseñar y aprender, trabajar desde casa, comprar y vender, consultar servicios médicos, etcétera.

Los desafíos de la humanidad para una población en aumento, como son el suministro de alimentos y agua potable a megaciudades, logística y transporte, energías limpias y sustentabilidad del medio ambiente, salud, vivienda, infraestructura, comunicaciones, trabajo, seguridad y tantos otros, indican que la subsistencia de la especie humana se basa cada día más en las tecnologías que se desarrollan para enfrentarlos. No se hace mención aquí a cuestiones filosóficas, morales o éticas sobre la tecnología, ya que ésta no es ni buena ni mala. Su caracterización en esas categorías depende del uso que la humanidad hace de ella. Con la radiactividad se cura y se mata, con la Internet se trabaja y se estafa.

Falta aún el gran impacto de la inteligencia artificial (IA) y la internet de las cosas (IoT), listas para escalar al gran consumo. Y como si esto fuese poco, los científicos se preparan para la próxima ola, regodeándose con la computación cuántica, que hará de la actual un museo global de aparatos vetustos. Es impensable que los países aprovechen los aspectos positivos de los cambios por venir si no se amiga a la sociedad con la tecnología a través de una educación de calidad, inclusiva y moderna a fin de disminuir la brecha de habilidades de vastos sectores sociales entre empleos desplazados y de nueva generación.

Mientras tanto, las personas nos vamos separando en capa s dentro de la ola. Entre quienes van en la cresta, incorporando cada disrupción; quienes incorporan sólo lo que se les impone, y quienes se dan por vencidos renunciando a cualquier cambio en pos de una “tranquilidad” que a la vez los excluye y les provoca nuevas tensiones. Cada uno decide en cual estar, lo que no puede evitar son las consecuencias de su decisión.

 

fuente: La Brujula 24