“Avatar, el camino del agua”: James Cameron regresa con una nueva aventura sensorial

“Avatar, el camino del agua”: James Cameron regresa con una nueva aventura sensorial

James Cameron, el director más taquillero de la historia estrena la secuela del proyecto de su vida, trece años después de Avatar y seis antes de completar una serie de cinco películas en las que viene trabajando por los últimos veinticinco años. Con sus más de tres horas, El camino del agua regala una aventura súper disfrutable, una especie de experiencia inmersiva, en la que el relato y la acción están en primer plano.

Si Avatar te pareció bella pero no tan revolucionaria como a muchos críticos en su momento, con su insistencia new age un poco remanida, vale confirmar que El Camino del Agua mejora la apuesta. La tecnología 3D no será ya una novedad, pero aquí llega a niveles extraordinarios, metiéndonos en la jungla de la historia con las hojas de los árboles golpeándonos la cara. Con el agua hasta el cuello.

¿De qué trata?

La acción se ubica un tiempo después de lo que pasó en la primera película. Con la familia de Jake Sully (Sam Worthington) viviendo una vida apacible en Pandora, donde los esbeltos Na’vi, piel azul, larga cola, crían a sus niños sin mayores preocupaciones. Cada uno con su pasado, cargando sus mochilas, Jake, su esposa Neytiri (Zoe Saldaña), sus hijos adolescentes Lo’ak y Neteyam, más la menor, Tuk, a los que se suman Kiri (Sigourney Weaver) y Spider (Jack Champion), son felices en su plena comunión con la naturaleza.

La madre tierra, preservada como paraíso de los males de la civilización, homenajeada en toda su belleza con este artilugio que pega la vuelta: un extraordinario despliegue de FX. Por oposición, la Tierra, ya devastada, necesita desesperadamente conquistar nuevos territorios para sobrevivir. Y ahí llega la invasión militar, con su tecnología para la guerra, sus armas para matar todo lo que vive, su aspecto perversamente clonado.

Para salvar a los suyos, y preservar su mundo, Sully convence a su familia y parte al exilio. Será recibido por una comunidad que vive en los arrecifes: gente de mar que, primero a regañadientes, acepta darles asilo a los del bosque. Todas las citas y referencias, desde Ray Bradbury a los relatos de la conquista a Apocalypse Now y, sí, Titanic, vienen a cuento en la nueva aventura de los Sully, aunque las heridas poscoloniales, de refugiados, y sobre todo medio ambientales sean lamentablemente tan del presente.

Con todo eso dialoga una película que, sin embargo, y por suerte, diluye esta vez sus manifiestos discursivos, un poco pomposos y sentimentales, para poner primera y entregar, sobre todo a partir de la mitad, largas y espectaculares secuencias de acción. James Cameron vuelve a demostrar que es capaz de contar una historia con tanto brío y convicción, con tanto nervio y dramatismo, que el involucramiento es total.

Imposible no salir de El Camino del Agua impregnado, agotado después de la intensidad de un espectáculo en el que todo nos involucra, todo nos importa. En un mundo saturado de pantallitas, donde nada sorprende y cualquier cosa es viral, Cameron trae una invitación a gritar, aplaudir, llorar, como chicos, en una sala de cine (eso sí, en versión 3D subtitulada). Nada más y nada menos que todo eso.

 

fuente: TN